viernes, 29 de mayo de 2009

www.magdalenasporelcauca.wordpress.com

En el 2010 nos pueden visitar en la página www.magdalenasporelcauca.wordpress.com


Introducción

Esta reconstrucción del dolor a través del arte lo pinté en 3 rostros de mujeres en telas de gran formato (6 X 4 metros), instaladas sobre balsas de guadua de 9X5 metros junto a 2 instalaciones y tres pinturas más sobre costales de plástico y cabuya en un formato de 5 X 4 metros sobre balsas de igual tamaño. La exposición partió desde el puente Anacaro en la población de Cartago (Valle) siguiendo el rumbo incierto que toman tantos desaparecidos de nuestro país. Fue una exposición-procesión lenta y conmovedora como una oración en el vacío. Las obras fueron acompañadas por balseros hasta la Virginia (Risaralda) y allí, nostálgicamente, las abandonamos. El cauce del río hizo de ellas un destino que hoy desconocemos.

Las fotografías son autoría de Rodrigo Grajales, Luz Adriana Carrillo y Gabriel Posada:

Obra 1






Construimos primero una cruz realizada con troncos caídos por el tiempo. Y en vez de corona de espinas le puse la espina misma de la carne descompuesta: el rancio acontecer que en nombre de Dios se mata y se extermina.

obra 2 La Llorona





Los habitantes del Cauca nos contaron muchos cuentos y muchas historias pero la historia que más se repitió en cada una de las cuatro veredas que visitamos, fue la de La Llorona, aquel mito extendido por casi toda Latinoamérica de una mujer desconsolada que llora y llora a perpetuidad la muerte de sus hijos y que en cada uno de los cuentos visibilizaba la muerte. La llorona la escenificamos con la ayuda de la comunidad.

obra 3 mujer cruz




En homenaje a las victimas de Trujillo, Valle del Cauca, pinté una mujer de luto que lleva una cruz en su mano derecha y una vela encendida en su mano izquierda envuelta en la gama tricolor de nuestra bandera: amarillo en la luz que alumbra y se extingue, azul en la cruz goda y derechista de nuestro sistema político y el rojo fiesta del fondo de nuestra tragedia

obra 4



La orilla del río, sus vestigios, sus símbolos me dictaron la siguiente magdalena realizada sobre anjeo plástico y donde utilicé más de 16.000 trozos de tela escenificando un luto y donde la modelo fue doña María Isabel Espinosa de la vereda Guayabito. Ella, una mujer que ha visto la Muerte pasar por la orilla del patio de su casa por una curva que el río da junto a su vivienda, ora y acumula poemas, rastros, señales, indicios, de cuanto cadáver pasa.

obra 5 Performance






















Pinté vestidos de mujer y de luto que me encontré en el camino: bocas, ojos, orejas, narices, huecos, grietas, sangre. La fiebre de las 3 de la tarde, una semana antes de la exposición, ardió como la canícula más fuerte del Valle del Cauca, sin embargo parecía que fuera a llover, los vestidos tomaron vida en el cuerpo de Yorlady Ruiz y murieron como murió la tarde ese domingo con el rito escenificado de una performance a orillas del corregimiento. Las aguas mecieron la dolorosa intemperie del condenado.

No se me borra de la memoria el testimonio de los habitantes de Beltrán donde me contaron que cerca de los días en que yo había estado en el famoso remanso de su vereda, estuvo el cadáver de una mujer con un tiro en la cabeza flotando durante tres días. En mes y medio que recorrí el tramo entre la Virginia y Beltrán (Risaralda) se testimonian 15 cadáveres vistos por las aguas del Cauca y “eso que de noche no vemos nada” me decían.

…“país de agua despierta en la noche dormida” (Octavio Paz).

obra 6 , 7 y 8




Pinté de nuevo ojos, bocas, narices, pechos, pero ahora el soporte de las obras son costales de fique y fibra, elementos donde son depositados seres humanos asesinados y fragmentados y que las aguas del río- tumba lleva como una herida que no cesa:

obra 9 poema



La poesía ha sido parte fundamental en mi percepción del mundo y existe un poeta no muy lejano a la orilla del Cauca, en Tulúa, llamado Omar Ortiz; de él junté la imagen poética del poema “Héctor Fabio Díaz, con la imagen fotográfica que Jesús Abad Colorado realizó para el libro Trujillo una tragedia que no cesa, donde una mujer de Trujillo lleva la foto de un ser querido:






Héctor Fabio Díaz

Llevo encima el traje azul, la corbata naranja,
la camisa que tanto gusta a Margarita,
la del 301,
los zapatos negros recién lustrados, una pinta
de hombre,
como dijo mi madre después del beso ritual
de despedida.
En la Kodak me tomaron la foto
para la solicitud de empleo.
Pero de pronto me empujaron a un auto,
me pusieron dos armas en la cabeza y acabé
tirado en una pocilga
donde me preguntaban por gente desconocida.
No señor, decía y me pegaban.
Sí señor, respondía, e igual me pegaban. Duro,
lo hacían, como si no tuviera carne, ni huesos,
ni sangre, ni alma.
Ya no tengo traje azul, ni corbata naranja,
ni puedo abrazar a Margarita.
Ahora soy una desteñida foto que mi madre
lleva a cuestas en plazas y desfiles.